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Osvaldo Bedini Memoriam


[OSVALDO BEDINI - 1926 – 2005]

Seguidamente encontraran un elogio a Osvaldo Bedini escrito por Roberto Mizrahi,  co-fundador del Grupo Esquel y miembro del directorio de la Fundación Grupo Esquel. Aunque Osvaldo Bedini no fue un miembro formal de Esquel, sus principios, pensamientos, estudiantes y colegas ejercieron una decisiva influencia en el nacimiento de Esquel y su misión.

El tributo de Roberto a Osvaldo es un vivo testimonio de la trayectoria de este hijo de San Juan, Argentina, quien entendió que el pueblo latinoamericano merece la oportunidad de realizar su potencial y contribuir al desarrollo de sus países y del hemisferio. Osvaldo brindó su energía, profesionalismo y humor para cumplir con dicho objetivo.

Extrañaremos a Osvaldo pero su ejemplo continuará siendo una inspiración para todos nosotros.

Stahis Panagides, Presidente, Fundación Grupo Esquel

 

 

PARA VOS OSVALDO
Por Roberto Mizrahi

 

A Osvaldo Bedini lo conocí en Lima allá en 1971 cuando se desempeñaba como Director del PIAPUR (Programa Interamericano de Planeamiento Urbano y Regional) al que yo llegaba como alumno recién ingresado. Tenía Osvaldo el buen talante y la picardía de quien no era capitalino .... hasta que algo le caía gordo y gatillaba en su interior sus genes italianos.

En aquella época los cursos de graduados solían ser tranquilos remansos donde profesores de buenos pergaminos y alumnos ya profesionales solían acordar ciertas reglas muy calmas de convivencia y aprendizaje. No fue así con mi promoción. No recuerdo exactamente porqué la hipercrítica estudiantil logró sobrevivir la fase universitaria y, enquistada vaya a saber en qué vericueto de nuestras jóvenes personalidades, se descargó con furia sobre el apacible cuerpo docente del PIAPUR.

Por esas cosas de las circunstancias fui uno de quienes lideraban los cuestionamientos y sembraban aires de revuelta. Del otro lado, un grupo de experimentados pero no por eso menos azorados profesores veía sacudida aquella calma subtropical. Su representante y principal interlocutor era Osvaldo.

No voy a relatar los pormenores de aquellos escarceos para sacudir palmera y modorra de un envión, porque no lo merecen. Tan sólo indicar que así conocí a Osvaldo: desde el otro lado de la trinchera. Y, milagrosamente, a partir de esa interacción nació una relación de respeto y reconocimiento que se extendió por décadas. Es que Osvaldo era lo más simpático y astuto que un funcionario internacional podría haber sido. Hablaba de frente pero, cuando las papas quemaban, sabía ofrecer comprensivas palmaditas en el hombro para bajar los decibeles .....y que nadie se ahogase en un vaso de agua.

El viaje existencial de Osvaldo comenzó en San Juan, una provincia argentina que entregó hijos ilustres al país (uno muy apreciado por Osvaldo fue el educador y presidente Domingo Faustino Sarmiento). Con varias escalas intermedias, incluyendo sus estudios de arquitectura, el casamiento con su estupenda compañera de toda la vida y los años limeños, Osvaldo terminó residiendo en las afueras de Washington DC.

Con Stahis Panagides condujeron por varios años un exitoso Programa de Desarrollo Urbano Rural de la OEA. ¡Cómo este dúo chipriota-sanjuanino llegaron a entenderse, complementarse y sobrevivir juntos, es uno de esos misterios que quizás Stahis se anime algún día a develar!. Pero lo cierto que Don Quijote y Sancho, perdón, Stahis y Osvaldo, tomaron aquel timón y, contra vientos, mareas e innumerables intrigas burocráticas, fueron capaces de conducirnos a quienes veníamos arando el terreno a buenos puertos y a conformar una cuasi familia. Una relación fuerte que después de tres décadas aún perdura.

Osvaldo tenía el don del sentido común. Pero un sentido común de excelencia. Cuando escuchaba el galope de algún jinete o, peor aún, de un entero malón, acercaba la oreja al suelo y podía adivinar cuántos y con qué intenciones se aproximaban. Era rápido para ubicar el peligro y capear temporales. Y era aún más destacado aún preparando uno de sus impresionantes asados.

Mi Dios, qué poesía eran aquellos chorizos argentinos saboreados en Lima o en Washington DC. Descubrir cómo se agenciaba de los cortes argentinos más sabrosos fue tema recurrente en esos cónclaves de gente buena que, acompañadas de un vino siempre generoso, nos juntábamos para charlar, compartir sentimientos, reencontrarnos, celebrar a Osvaldo y a Joan.

Hoy Osvaldo siguió su camino hacia mundos o dimensiones que no conocemos. Partió después de algunos y antes que otros. Todos nos juntaremos alguna vez, de alguna forma, nuevamente a charlar, trabajar y compartir momentos. Quizás la vida tal como la conocemos termine aquí pero vaya uno a adivinar a través de qué otra magia nuestras almas volverán a juntarse. Tampoco sabremos nunca si es dable elegir en el más allá. Pero si esa elección nos fuera dada, más de uno escogería la compañía de Osvaldo.

Claro que se me arrugó el corazón cuando me enteré de su partida; mi recuerdo voló directo a los momentos compartidos. Y lo que me vino de vuelta es aquella sonrisa cordial de Osvaldo, un poco bonachona, otro poco de fiereza y mucho de querer vivir la vida con toda la plenitud de sus aires sanjuaninos.

Aunque no haría falta decirle a Joan y a sus hijos que lo quisimos bien a Osvaldo (ellos lo saben), igual tenemos un torrente dentro que quiere expresarlo. Querido Osvaldo, estás también dentro nuestro, por aquella parte de nuestra formación que has ayudado a modelar, por lo que supimos de vos y por aquello que no se habla pero brota de los esfuerzos e ideales compartidos. Un abrazo; un fuerte abrazo.

Roberto.



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Last Update: July 2004